Simples Sueños

lunes 6 de julio de 2009


Recorría aquel pueblo sin rumbo fijo, el cielo estaba encapotado, pero la claridad era indudable, no parecía que iba a llover. El viento corría y arrastraba mi melena hacia atrás, aireándola. Angie estaba justo a mi lado, sonriente.
Las casas, los coches, el suelo… Todo parecía viejo, desgastado y sucio, aunque en realidad, era bonito. Las plantas se escapaban de los bordes de la carretera, y alrededor del pueblo, habitaba una gran masa espesa de flora, junto con pequeña fauna, así como ardillas, pequeños insectos…
El pueblo era pequeño, y las calles finalizaban cerca del comienzo de éste. Angie y yo pasamos junto a una bocacalle, yo iba distraída mirando el cielo y los edificios, tan grandes, que no pertenecían a ese lugar. Pasada la bocacalle, Angie me tiró fuertemente del brazo: ¡Nena! ¿No lo has visto? –Dijo de repente ella. Me quedé mirándola. No sabía a que se refería.
-¿El qué? -Pregunté con curiosidad, ella meneó la cabeza, como diciendo que no tengo los pies en la tierra firme. Tiró nuevamente de mi brazo, y retrocedimos hasta la bocacalle, nos acercamos a un grupo de personas que estaban charlando con ánimo.
Y lo vi, vi su larga melena, su camiseta con su dibujo, su sonrisa brillante, escuché su melodiosa voz… Estaba tan sorprendida y emocionada que apenas me podía mover. Alcé el brazo, para saludarle, él me miró, abrió los ojos sorprendido, y me miró con entusiasmo y alegría.
Quería acercarme, poder saludarle decentemente, y preguntarle que tal todo, pero no podía moverme, el pánico inundó mis músculos. Entonces, Angie empujo mis hombros hacia delante. Tal era mi conmoción que por poco caigo de bruces contra el suelo, pero no fue así, porque él fue mas rápido, y agarró mi cintura. Me abrazó con delicadeza y añoranza, y me dedicó una sonrisa, esa sonrisa suya tan preciosa, con esos ojos color chocolate brillante…

Destrucción

jueves 18 de junio de 2009


Apenas un momento después, caigo de rodillas a sus pies, él, mientras ríe, clava su espada en mi cuello. El terror invade mis venas, y el dolor punzante de aquella espada, era totalmente insoportable.
Mi suerte estaba cantada, eso estaba claro, quería proteger “Mi Jardín”, pero él llegó para destruirlo. Mis muñecas malheridas, mi cuerpo entumecido, mis alas rotas… Todo sucumbió por culpa de este maldito Demonio, Azazel, que ahora vuelve al Gran Reino para vengarse de lo que ocurrió, ya hace mucho tiempo. Nos aniquilará, y sin nosotros, no habrá nueva vida, nuevos seres, nueva belleza…
Todo gracias a los humanos, que destruyen gran parte de “Nuestro Jardín”, extinguen especies, y demás cosas, imperdonables, que hacen más fuertes a los demonios.



Érase una vez, un mundo sin humanos, donde todo era bello, donde las criaturas vivían en Paz. Somos la destrucción y el Apocalipsis para nuestro amado planeta, y si el planeta muere, nosotros morimos con él, y entonces, yo no habrá ni presente ni futuro que proteger, solamente pasado… Hasta que este, desaparezca con los recuerdos.

El río

martes 24 de marzo de 2009


Miro hacia el cielo azul, y acaricio el agua cristalina. Sabía que este era mi final, y que ya pronto descansaría en un oscuro manto de negrura sepulcral. Yace en aquel suelo inexistente mi cuerpo rígido, agotado, y mientras me arrastraba por el agua, hacia quien sabe donde. Ya ni siquiera podía escuchar el rugir del agua, ni el canto de los pájaros, únicamente podía ver aquel cielo azul, y deseaba cerrar mis párpados, para poder descansar por fin.
Anhelaba sus susurros, sus caricias, sus abrazos, sus besos y su compañía, tanto lo deseé que acabé volviendo a sus duros puños, a sus palizas verbales, sus celos de todo, sus cabreos por nada debido al alcohol…
Ahora mi alma y mi cuerpo yacen aquí, arrepentidos, pero aun así, sigo amándolo.







Puede parecer una simple historia, pero es la historia de nuestros días, que ya no conmueve, porque se ha vuelto tan habitual que la sociedad ha acabado admitiéndolo. Igual que el masacre a los judíos por parte de los nazis…
¿No podemos cambiar esto? ¿Es que acaso sólo somos seres violentos que lo único que sabemos hacer es imponernos sobre los demás? ¿Hemos perdido ya el uso de la razón?

Sangre

miércoles 4 de febrero de 2009

Estaba la habitación tan oscura que apenas se vislumbraba nada, sostenía el cuchillo metálico, del que descendía suaves gotas de liquido rojo y caliente aun. Lo lamí un poco y sonreí, el sabor era salado con un tono metálico que lo potenciaba. Allí yacía, a mis pies, aquel a quien tanto yo odié, alguien a quien una vez realmente amé. Ya no respiraba desde hacía un rato, su cara estaba ensangrentada. Reí agudamente, mientras la voz de mi cabeza me aplaudía y me alababa. Miré al techo, bajé mis brazos y una lágrima brotó de repente en mis ojos, pero no quería apartarla de allí, era la lágrima de mi dolor. Dejé caer el cuchillo, con un suave “clonck” se dejó posar en el suelo, y miré mi muñeca, en la pulsera de plata se podía distinguir aun Anne Webber, lo maldije, y me maldije a mi misma, volví a reír, y cogí el cuchillo, lo observé detenidamente, su curvatura era perfecta, me lo acerqué al lateral de mi cuello, clavé la punta del cuchillo en mi piel fina y blanca, suspiré y dos palabras salieron disparadas de mi boca, te amo, y empujé el cuchillo fuertemente hacia dentro, mis piernas temblaron, caí a su lado, y sentí su rígido cuerpo, apoyé mi cabeza sobre él, cerré mis ojos, y me sumí en el sueño profundo…

Por ti

sábado 24 de enero de 2009


El tiempo ya no vuela porque ya no estoy junto a ti, añoro el verano en el que tú y yo quedamos unidos en un sólo eslabón, en el que tus miradas me hacian recorrer mundos nuevos, mundos llenos de fantasía y amor, y cada vez que reías, hacás que me enamorara más y más de ti. Recuerdo tus caricias, tan suaves como la seda, cerraba los ojos y hacian que me sintiera mejor. Y aunque llore a veces como una niña, se que no dejarás de estar a mi lado, ese día me acunaste y me besaste hasta que acabó mi llanto, y quedé dormidda completamente.
Tus besos, dulces y cálidos, hacian que temblara todo mi ser, recuerdo mi primer beso contigo, no imaginé nunca nada así...
Haces que mi vida tenga matices de felicidad, que al mismo tiempo se mezclan con el color del amor, y no, para mi no es el rosa, ni mucho menos, es el violeta...
Se que me da un poco de envidia ver a los duos de amor en mi instituto y en mi cabeza, es como un acto reflejo para mi, giro mi cabeza y mi mente hacia otro lado, pues mi añoranza acabaría consumiendome en un triste llanto, o quien sabe, a lo mejor haría cualquier locura para volver a estar junto a ti. Recuerdp mi viaje a Madrid, en el que el día que nos vimos, me hiciste una pregunta que yo quiero cumplir, después, al día siguiente más bien, me llegó aquel mensaje, y entre mi cansancio y la música alegre que sonaba, me dormí, pudiendo soñar contigo, juntos hasta en los sueños. Creeme, ya no soy una niña cualquiera, soy una niña enamorada.

Estíbaliz Bermúdez Jaenes

Libre

miércoles 24 de diciembre de 2008


Las mañanas frías como el hielo y los pies tan fríos como estas. Me levanto, con el vaho saliendo de mi boca, tan ligero, tan caliente. Y me doy cuenta de que sólo soy un simple ser, caracterizado por la razón y por la indiferencia. Sólo soy Anne, Anne Weber y esto no lo puede cambiar nadie.
La libertad no existe, porque siempre estaremos envueltos en cadenas hasta que nuestra alma se evapore, entonces si seremos libres, libres como pájaros. La monotonía nos atrapa y nos hace seres monotonos y sin razón. Se puede estar harto de todo, pero, siempre necesitamos el apoyo de unos cuantos ¿No?




En la oscuridad yo habito, esperando salir de mi mundo cruel, esperando siempre a que mi principe azul me rescate algún día.

Quizás te equibocas

Sé que ya nunca me volverás a hablar, pero te añoro tanto… Pensarás que fui estúpida por dejarte ir, estúpida por ser lo que soy, estúpida por quererle, estúpida por no creerte, pero oye, tú decidiste eliminarme de la lista, sin ni siquiera un adiós…
Quizás debería odiarte, quizás y sólo quizás leerás esto, dijiste adiós al pasado, y al futuro, el presente te lo llevaste tú en tu maleta de viaje. Debería odiarte, olvidarte, pasar de todo, pero… simplemente no puedo. Aquí estoy, como no, en mi oscuridad, en mis pensamientos, y digo que te quiero, a pesar de todo, porque nunca se acabó lo que siento, tú me ayudaste y te debo mil y una…
Preferiste a tu “Lobo Astuto”, y me dijiste que era una celosa. Pues yo hoy te digo como tu bien me dijiste una vez: “Quizás te equivocas…”